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Estoy convencido que ni Jeremy Bentham al idear su Panopticón , ni George Orwell al escribir 1984 llegarán a imaginar un mundo como el que vivimos, en el que casi todo el mundo vigila y al mismo tiempo es vigilado.

Antiguamente estos papeles estaban límitados a la familia, a la gente cotilla y al Estado controlador, aunque ahora se han añadido cada vez más personas y con gran ayuda tecnológica.

Los maridos o novios celosos contratan los servicios de algun detective privado como en las películas o van a “la tienda del espia” de la vuelta de la esquina y compran un set de espionaje casero para saber en cada momento su pareja, el estudiante aburrido pone la tele y ve el reality de moda donde podemos ver por televisión, las 24 horas del dia que hacen encerrados en un lugar.

Cierto grado de control, de cotilleo puede ser comprensible, sobre todo si es de gente de nuestro entorno más cercano y que nos preocupa que les puede suceder, pero esto que vivimos hoy en día roza la paranoia y debemos reclamar ciertas libertades personales entre las que se incluye la de la privacidad.